En la ficha de cada producto de esta tienda está quién responde de él, con su dirección, y su inscripción sanitaria se puede comprobar en un buscador público. No es un sello de calidad y conviene explicar por qué está ahí, porque lo que garantiza y lo que no se confunden con facilidad.
Qué es
El RGSEAA es el Registro General Sanitario de Empresas Alimentarias y Alimentos. Lo gestionan las comunidades autónomas y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), y en él se inscriben las empresas que fabrican, envasan, importan o comercializan alimentos en España.
El número identifica a la empresa y su actividad. Se compone de una clave de actividad, un número de registro y un código territorial.
Qué garantiza
Que la empresa existe, que está identificada ante la administración sanitaria, que su actividad está declarada y que hay una dirección física detrás. Es decir: que hay alguien a quien reclamar y a quien inspeccionar.
Además, los complementos alimenticios tienen una obligación añadida. El artículo 7 del Real Decreto 1487/2009 exige comunicar la puesta en el mercado a la autoridad competente, adjuntando un modelo del etiquetado. No es una autorización previa —nadie aprueba el producto antes de venderlo—, pero deja constancia.
Qué no garantiza
No garantiza que el producto sirva para nada. No es un certificado de eficacia, ni de calidad, ni de pureza, ni un aval de ningún organismo sobre lo que el producto hace.
Que una empresa esté registrada y que un complemento esté comunicado significa que se ha cumplido un trámite. Es el suelo, no el techo.
Cómo se comprueba
El registro es público y consultable por cualquiera, sin darse de alta y sin coste, en el buscador del RGSEAA de la AESAN. Se puede buscar por número de registro o por nombre de empresa, y el resultado indica la razón social, el domicilio y las actividades autorizadas.
Merece la pena hacerlo al menos una vez con cualquier marca que se compre a menudo. Toma menos de un minuto.
Por qué importa
Las opiniones de cada ficha son de clientes y se publican todas, con su nota. Pero son eso, opiniones, y una marca que habla bien de sí misma tampoco es una fuente.
Un número de registro es lo contrario: es un dato que la marca no controla, que está en un sistema que no es suyo y que cualquiera puede contrastar en treinta segundos. Vale más que cualquier sello dibujado en el pie de página, precisamente porque no promete nada.